Obituary published on Legacy.com by Hadley Marcom Funeral Chapel - Farmersville on Nov. 25, 2025.
Our precious Liboria Mascorro Ponce, at 99 years old, completed her earthly journey on November 19, 2025, leaving a silence in our hearts that words can barely touch. Born to Mariano Mascorro and Juana Campa,on June 23, 1926, in Las Islas, Texas, she spent over three decades in
Farmersville, California, building a home filled with warmth, love, and generations of memories. On the day she left us, she stepped into the arms of her soulmate, Manuel Ponce, the love of her life, who has been waiting for her in heaven since December 23, 1994. Their love story, strong and unbreakable, is finally whole again. Liboria was the heart of a large and loving family. She was a devoted mother to twelve children: Herminia and Tony of Farmersville; Alfred, Lupe, Arthuro, Hilda, Esperanza, and Maria of Visalia; Armando of Bakersfield; Adolf of Oceanside; Alejandro of South Carolina; and Albert of Kentucky. Her family continued to grow with 17 grandchildren, 20 great-grandchildren, and 2 great-great-great grandchildren, each one holding a special place in her heart. She was the heart of our family-the center, the warmth, the guiding light. A perfect wife, a devoted mother, and the most gentle grandmother anyone could imagine. She was a homemaker not by duty, but by love. Caring for her family was her life's purpose, and she gave her all without ever expecting anything in return. Liboria was a pillar of strength. Even in her final days, she fought, she held on, she stayed strong for us. Her hands, though tired, never stopped reaching out to make sure everyone was okay. Her heart, though aging, never stopped loving with a depth only God could give someone. She was the backbone of our family - the quiet strength that held us together, the warm hands that healed our pain, the gentle voice that could calm any storm. She didn't just raise a family she raised generations. She was our safe place, our comfort, our home. Liboria lived her life with a kind of love that is rare in this world. She was known for her limitless heart - a heart that never judged, never turned away, never grew tired of loving. She believed in people's goodness even when they couldn't see it in themselves. In her eyes, everyone was worthy. Everyone mattered. Everyone was perfect just the way they were. She spent her days caring for her family, crocheting with hands that created beauty, watching her novelas, and loving animals with a tenderness that reflected her soul. She enjoyed her yearly trips to Chihuahua, Mexico, especially Rancho El Valsequilo, a place where her spirit always felt at peace. She embraced her husband's family as her own - because her heart knew no boundaries. Even in her final days, she showed a strength that was almost impossible to comprehend. She held on, she fought, she endured not for herself, but for the family she loved more than life. Her last days were filled with courage, love, and the same selflessness she carried throughout her entire life. Liboria wasn't just a mother or a grandmother - she was the light that illuminated our darkest moments. She was the prayer that protected us, the gentle laugh that warmed us, the wisdom that guided us. She was love in its purest form. The space she leaves behind is heavy, painful, and impossible to fill. Our hearts feel broken in ways we never imagined. But in that pain, we find a small bit of peace - knowing she is finally, finally reunited with her one true love. We picture her now, smiling with Manuel, hand in hand, her soul free, her heart complete. Two souls dancing again in heaven after decades apart. Her legacy will live on forever. In the stories we share, the lessons she taught, the love she planted in all of us. She is gone from our sight, but she will never, ever be gone from our hearts. Rest in eternal peace, You were our everything. Your love will live in us for generations. Reception following: December 2, 2025, 12:30pm at the Exeter Veteran Memorial Building, 324 N. Kaweah Ave., Exeter, CA 93221 SPANISH Nuestra amada Liboria Mascorro Ponce, a sus 99 años, completó su viaje terrenal el 19 de noviembre de 2025, dejando un silencio en nuestros corazones que las palabras apenas pueden describir. Hija de Mariano Mascorro y Juana Campa, nació el 23 de junio de 1926 en Las Islas, Texas, y pasó más de tres décadas en
Farmersville, California, construyendo un hogar lleno de calidez, amor y generaciones de recuerdos. El día que nos dejó, dio un paso hacia los brazos de su alma gemela, Manuel Ponce, el amor de su vida, quien la había estado esperando en el cielo desde el 23 de diciembre de 1994. Su historia de amor, fuerte e inquebrantable, finalmente vuelve a ser completa. Liboria fue el corazón de una familia grande y llena de amor. Fue una madre dedicada a doce hijos: Herminia y Tony de Farmersville; Alfredo, Lupe, Arthuro, Hilda, Esperanza, y María de Visalia; Armando de Bakersfield; Adolf de Oceanside; Alejandro de Carolina del Sur; y Albert de Kentucky. Su familia siguió creciendo con 17 nietos, 20 bisnietos, y 2 tataratataranietos, cada uno ocupando un lugar especial en su corazón. Ella fue el alma de nuestra familia - el centro, la calidez, la luz que nos guiaba. Una esposa perfecta, una madre devota, y la abuela más dulce que uno pudiera imaginar. Fue ama de casa no por obligación, sino por amor. Cuidar de su familia era el propósito de su vida, y lo hizo entregándose por completo, sin esperar nada a cambio. Liboria fue un pilar de fortaleza. Incluso en sus últimos días, luchó, resistió y se mantuvo fuerte por nosotros. Sus manos, aunque cansadas, nunca dejaron de estirarse para asegurarse de que todos estuvieran bien. Su corazón, aunque envejecido, nunca dejó de amar con una profundidad que solo Dios puede dar. Fue la columna vertebral de nuestra familia - la fuerza silenciosa que nos mantenía unidos, las manos cálidas que sanaban nuestro dolor, la voz suave que calmaba cualquier tormenta. No solo crió una familia crió generaciones. Ella fue nuestro refugio, nuestro consuelo, nuestro hogar. Liboria vivió con un amor que casi no existe en este mundo. Era conocida por su corazón sin límites - un corazón que nunca juzgaba, nunca se rendía y nunca dejaba de amar. Creía en la bondad de las personas, incluso cuando ellas no la veían en sí mismas. En sus ojos, todos eran dignos. Todos importaban. Todos eran perfectos tal como eran. Pasaba sus días cuidando a su familia, tejiendo con unas manos que creaban belleza, viendo sus novelas, y amando a los animales con una ternura que reflejaba su alma. Disfrutaba sus viajes anuales a Chihuahua, México, especialmente al Rancho El Valsequilo, un lugar donde su espíritu siempre encontraba paz. Abrazó a la familia de su esposo como si fuera la suya - porque su corazón no tenía fronteras. Incluso en sus últimos días, mostró una fortaleza casi imposible de comprender. Aguantó, luchó y perseveró no por ella, sino por la familia que amaba más que a su propia vida. Sus últimos días estuvieron llenos de amor, coraje y la misma entrega que la caracterizó toda su vida. Liboria no fue solo una madre o una abuela - fue la luz que iluminó nuestros momentos más oscuros. Fue la oración que nos protegió, la risa suave que nos reconfortó, la sabiduría que nos guió. Fue el amor en su forma más pura. El vacío que deja es profundo, doloroso e imposible de llenar. Nuestros corazones están rotos de maneras que jamás imaginamos. Pero dentro de ese dolor, encontramos un poco de paz - sabiendo que por fin está reunida con su único y gran amor. La imaginamos ahora, sonriendo junto a Manuel, tomados de la mano, su alma libre, su corazón completo. Dos almas que vuelven a encontrarse después de décadas separadas. Su legado vivirá por siempre. En las historias que contemos, en las enseñanzas que nos dejó, en el amor que sembró en cada uno de nosotros. Ha partido de nuestra vista, pero nunca partirá de nuestros corazones. Descansa en paz eterna, Fuiste nuestro todo. Tu amor vivirá en nosotros por generaciones
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